Día 169 · jueves, 18 de junio

Hijo, No Esclavo

"Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!"ROMANOS 8:15

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 169, Hijo, No Esclavo.

Romanos 8:15. Escucha con el corazón: "Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!"

Deja que esa palabra aterrice.

Pablo no está hablando con extraños. Está hablando con creyentes — con personas que ya conocen a Dios — y aun así les dice: el miedo no es tu casa. Ese miedo de no ser suficiente, ese peso de llegar ante Dios como quien debe demasiado para ser bienvenido — ese espíritu no vino del Padre. Él no te adoptó para que volvieras a vivir temblando.

Piensa en la diferencia entre un siervo y un hijo. El siervo se despierta cada mañana intentando ganarse su lugar. Trabaja con el corazón cerrado, siempre preguntándose: "¿Fue suficiente hoy? ¿Todavía me quiere aquí?" Pero el hijo — el hijo ya fue recibido. El hijo no tiene que demostrar nada cada amanecer. Su lugar en la casa no depende de lo que hizo ayer.

Eso es exactamente lo que el Espíritu Santo hace en ti. No vino a apretar más las cadenas. Vino a cambiar tu lugar en la familia de Dios — para siempre. No de manera provisional. No de manera condicional. Para siempre.

Y entonces Pablo usa una palabra que detuvo al mundo antiguo. Abba. Un niño pequeño llamando a su padre con la intimidad más pura que existe. No "Señor del universo." No "Creador todopoderoso." Abba. Papá. El mismo Espíritu que habita en ti — ese Espíritu le enseña a tu corazón a llamarlo así. No porque lo merezcas. Porque fuiste adoptado. Y la adopción no es una prueba que puedas perder. Es un nombre que se volvió tuyo.

Tu seguridad no viene de cuánto oraste esta semana. No viene de cuántas veces lo hiciste bien. Viene del amor del Padre que te eligió y no cambia de opinión. Esa es la base. Esa es la roca.

Entonces — ¿cómo oras? ¿Llegas como hijo, o llegas como esclavo? ¿Pides como quien pertenece, o suplicas como quien teme ser echado? El Padre no se cansa de la voz de los hijos que ama. No mira el reloj cuando hablas. Se inclina. Escucha. Responde.

Hoy, antes de pedir cualquier cosa — antes de la lista de necesidades, antes de las preocupaciones del día — detente. Abre la boca. Llama a Dios "Padre" en voz alta. Y agradécele. Agradécele por haberte recibido como hijo, no como esclavo. Deja que esa verdad te atraviese el pecho antes que todo lo demás. No es un ritual. Es vivir la adopción que ya es tuya.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.